Siete horas mirando la Luna
NASA ha abierto el archivo de Artemis II: más de 800 GB de fotos, vídeos y voces de las cuatro personas que la vieron de cerca. Lo que vieron, y lo que nos enseña sobre mirar.

El 6 de abril de 2026, cuatro personas pasaron junto a la Luna: Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, de NASA, y Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense. Era el sexto día de Artemis II.
Durante casi siete horas, con un plan escrito minuto a minuto, se turnaron en las ventanas de la nave Orion. Uno fotografiaba. Otro anotaba. Otro contaba en voz alta lo que veía.
El 7 de octubre, NASA abrió ese archivo a todo el mundo, en su Sistema de Datos Planetarios. Una parte no se había publicado nunca.
NASA lo describe como el primer conjunto de datos de ciencia planetaria tomado sobre todo por personas en más de medio siglo. Desde Apolo, a la Luna la habían mirado de cerca, sobre todo, máquinas.
Ocho horas y media de voces
Lo más bonito del archivo es eso: personas contando lo que ven. Cráteres de impacto. Antiguas coladas de lava. Grietas y crestas en la superficie. Hablan del color, del brillo y de la textura, y de cómo todo eso parecía cambiar con el paso de las horas.
Para contar algo en voz alta hay que mirarlo despacio.
Escoger una palabra, volver a mirar, corregirla. Al ponerle palabras, la Luna deja de ser una foto y se convierte en algo vivido. Christina Koch llegó a dibujarla a mano, con el polo sur arriba, tal como la veía por la escotilla.

Del archivo de Artemis II
La Luna, desde Orion.
Destino y casa, en una foto
Orion, iluminada por el Sol, con la Luna creciente detrás. A la derecha, la Tierra, diminuta, a punto de ponerse por el horizonte lunar.
La Tierra se pone
Tres minutos antes de pasar por detrás de la Luna y quedarse 40 minutos sin contacto con casa. En primer plano, el cráter Ohm; en la Tierra, nubes sobre Oceanía.
Como nunca la habíamos visto
En el centro, la cuenca Oriental. A la derecha, las manchas oscuras de lava antigua de la cara que vemos desde la Tierra. Arriba a la izquierda, la línea entre el día y la noche lunar.
«El beso»
El anillo de montañas de la cuenca Oriental, levantado por un impacto antiguo. Los observadores de la época Apolo lo apodaron así por su forma curva.
Un selfi a mitad del camino
Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen se giran un momento hacia la cámara, a mitad de las siete horas de observación.
La Luna tapa el Sol
Desde Orion, la Luna se ve lo bastante grande para tapar el Sol entero: casi 54 minutos de eclipse total. Con la Luna a oscuras, aparecen las estrellas.
Saturno y Marte, de testigos
La Luna, a contraluz, con Orion a la izquierda. El punto brillante bajo la Luna es Saturno; el del borde derecho, Marte.
Amanece para Orion
El Sol vuelve a asomar por el borde de la Luna y termina casi una hora de eclipse. Esa noche, por radio, la tripulación contó seis destellos de impacto.
La Luna, a lápiz
Christina Koch dibujó la cuenca Oriental tal como la veía por la escotilla, con el polo sur arriba, y anotó qué zonas parecían lisas y cuáles rugosas.
Fotos: NASA. Toca una para verla en grande.
Destellos en lo oscuro
Durante el sobrevuelo, la Luna tapó el Sol. Visto desde Orion, el eclipse total duró casi 54 minutos, y la cara de la Luna quedó a oscuras frente a la nave.
En esa oscuridad, la tripulación vio destellos: puntos de luz que duran un instante, el choque de pequeños meteoritos contra la superficie. Esa noche contaron seis por radio. En la tableta numeraron cinco, cada astronauta con su color:
- Reid, en azul
- Ike, en verde
- Jeremy, en rojo
Alrededor de dos puntos dibujaron un círculo y escribieron que probablemente eran el mismo impacto, visto por más de uno.

Los destellos estaban ahí. Bastaba con quedarse mirando en lo oscuro el tiempo suficiente.
Lo que esto tiene que ver con tus noches
En Luna hacemos algo parecido, a escala pequeña. Cada noche cuentas tu día en voz alta. Al ponerlo en palabras, lo miras con calma, como desde una ventana. Con eso, Luna escribe tu hipnosis de esa noche: tu día, contado de vuelta, apuntando hacia donde quieres ir.
La tripulación tenía un plan y un objetivo claro. Tú tienes tu misión. Cada noche es una pasada cerca, y en cada una ves algo más.
Esta noche, si el cielo está despejado, sal un minuto a mirar la Luna. Fíjate en su color. Respira despacio: cuatro, siete, ocho. Hace unos meses, desde mucho más cerca, cuatro personas hicieron lo mismo, y lo contaron en voz alta.